Pintar lo que vemos. De un sencillo dibujo infantil a un cuadro al óleo.

Desde niños acostumbramos a representar lo que vemos de un modo innato y casi ancestral. Entre hacer un dibujo o pintar un cuadro si somos artistas no hay mucha diferencia.

Bajo la experiencia de mis hijos en un momento del día me vino a la cabeza esta reflexión sobre cómo de manera natural tendemos siempre a representar lo que vemos y me pregunto ¿qué es lo que nos impulsa a hacerlo?

El impulso de pintar un cuadro es algo que no tiene explicación, hay algo que no se puede explicar, se trata de algo que nos empuja a pintar algo, a representar algo, esto se mantiene en casi todos los artistas, esa inquietud primigenia que de un modo algo irracional nos impulsa a pintar. Se podría decir que hay un vínculo grande entre los artistas y los niños por este motivo.

Vemos y copiamos lo que vemos o mejor dicho interpretamos lo que vemos desde que el hombre habita en la Tierra. Se trata de representar con los medios que tenemos al alcance nuestro entorno, un impulso que ya en el Paleolítico se solía hacer en las cuevas donde habitaban los primeros pobladores con medios muy básicos a su alcance pero no por ello faltos de ingenio.

Hoy día cuando observo a mis hijos pintar me vienen muchas reflexiones a la mente. Como por ejemplo el motivo por el cual nos impulsa a pintar en un primer momento. Inicialmente cuando somos niños todos nos vemos atraídos por la necesidad de representar nuestro entorno más cercano, dependiendo de la edad algunos de un modo y otros de otro, más perfeccionado el dibujo o pintura o menos, más cercano a la realidad o más difuso pero en cualquier caso una interpretación de lo que tenemos a nuestro alrededor.

La conclusión quizás sea que queremos representar lo que nos rodea porque nos gusta o porque sentimos necesidad de expresar ciertas cosas a través de la pintura o el dibujo. Algo muy básico, sólo necesitamos un lápiz y un papel para representar algo y esto se mantiene en el tiempo aunque lamentablemente no se trabaja y perdura en el tiempo ya que con el desarrollo de las personas esta habilidad queda en algún lugar dormida salvo los que nos dedicamos a esto que seguimos buscando algo o queriendo expresar de un modo u otro cosas.

Sencillez en el dibujo a tinta de un Rembrandt veterano y maduro en sus –. Hendrickje durmiendo (1656)

Sencillez en el dibujo a tinta de un Rembrandt veterano y maduro en sus –. Hendrickje durmiendo (1656)

Cuando comparo los dibujos que pintan los niños y los cuadros de cualquier artista la verdad es que no veo mucha diferencia en cuanto a concepto. Siempre se ha utilizado de un modo peyorativo la frase de “pintar como un niño” para definir a un mal artista pero creo que tal y como decía Pierre Auguste Renoir pintar como un niño sería maravilloso y difícil, es decir pintar con libertad y sin ataduras, ya que a la vez que la técnica del artista avanza también en muchas ocasiones los prejuicios y hacen que la pintura o mejor dicho el concepto esté contenido por gran cantidad de circunstancias y no le dejan que fluya todo de un modo correcto y sin ataduras pintando temas quizás demasiado rebuscados y creando composiciones muy complejas cuando la base es la sencillez y el pensar que menos es más, los motivos simples siempre funcionan mejor al igual que la técnica.

El maestro Pierre-Auguste Renoir

El maestro Pierre-Auguste Renoir al final de su vida

Renoir al final de su vida simplificó todos sus cuadros mucho, creó atmósferas y pintó sus figuras con una pincelada muy ligera, muy simple y por fin se sintió libre y pintando realmente lo que quería, pintar como un niño.

 

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Dos momentos del día opuestos en dos cuadros al oleo

Cuadro al oleo en Miraflores

Paisaje de un anochecer en La Najarra, Miraflores

El día ofrece momentos que merece la pena vivir y observar. A veces estos momentos acontecen cuando viajamos en un tren o vamos en coche a nuestros trabajo y casi no prestamos atención cuando merece la pena observar con atención y detenernos en ese momento para ver todo lo que nos ofrece la luz y las diferentes atmósferas que vemos en ese momento. En el primer cuadro al oleo que presento, un paisaje cercano al estudio de pintura en el que trabajo nos ofrece la luz de  un atardecer. Con las últimas luces del día la jornada se precipita hacia la oscuridad y la luna hace acto de presencia en lo alto del cielo figurando como un punto luminoso. Este cuadro sería algo muy diferente si la luna no apareciera restando luz al cuadro. En este momento del día se respira quietud, quizás un sentimiento de alerta embarga a todos los animales que viven en el entorno como indicativo que el día toca a su fin y es hora de volver a casa. Pura poesía la que se aprecia en un paisaje de estas características y según la tradición de la pintura del Romanticismo ya que a los artistas de este periodo les gustaba mucho estas escenas.

Amanecer en la Sierra de Guadarrama, oleo sobre lienzo y panel

Amanecer en la Sierra de Guadarrama, oleo sobre lienzo y panel

En el siguiente cuadro muestro el contrario al cuadro anterior. La luz en este cuadro contiene mucho misterio y es también otro de los motivos por los que me atraía pintar. En este momento del día también se respira la quietud pero sin embargo la luz contiene un matiz muy distinto de un ocre claro y que ofrece un nuevo comienzo cada día, es decir como si todo se renovara cada día con el comienzo de la nueva jornada. La luz establece la vida en la tierra y define nuestros recuerdos a lo largo de nuestras vidas, por eso me encanta capturar esos momentos y plasmarlos en un lienzo. El modo de capturar esta realidad de cada artista depende del modo de ver las cosas de cada uno. Cada artista es un catalizador que a través de la mirada, del estado de ánimo, de influencias de otros artistas y otras circunstancias hace que su obra salga de un modo o de otro.

De este modo se puede afirmar que es un trabajo muy duro, quizás uno de los más duros y complicados si se conoce en profundidad.

 

¿Cómo conseguir mi propio estilo en pintura?

Edgar Degas

Edgar Degas, oleo sobre lienzo

La pregunta que encabeza este pequeño texto nos la hemos hecho muchas veces muchos de nosotros en varias ocasiones.

Encontrar lo que llamamos estilo es tares algo complicada ya que en ocasiones no se llega a encontrar nunca, esto puede sonar algo decepcionante pero la pintura o el arte en general y si nos dedicamos a ello de manera profesional se trata de un largo camino por recorrer en el que vamos aprendiendo cada día y una cosa nos va llevando a la otra sin encontrar muchas veces un lugar en el que permanecer.

Posiblemente ese “estilo” o tipo de pintura que buscamos al final sea una consecuencia del aprendizaje y nuestros gustos, es decir, a lo largo de nuestra carrera artística comenzamos por inclinarnos por unos artistas y trabajamos a partir de ahí casi imitando su estilo pero lo difícil no es eso sino encontrar nuestro propio camino y desarrollar nuestro trabajo en el mismo.

Como siempre he dicho, la pintura y en general muchas disciplinas artísticas son un trabajo con resultados a largo plazo siempre que nos lo tomemos en serio y que no sea un pasatiempo o algo para relajarse como dice mucha gente ya que de relajante no encuentro nada en este oficio sino más bien lo contrario ya que conseguir resultados buenos lleva tiempo.

El artista toma prestado de otros artistas a la vez que lo va digiriendo y añadiendo a su propia obra, es un catalizador de lo que realmente le interesa de cada artista de modo que si observamos la obra de artistas consagrados vemos cómo sucede esto mismo.

Montaña Saint Victoire, Paul Cézzane

Montaña Saint Victoire, Paul Cézzane

Por ejemplo Degás con sus bailarina o un caso mucho más evidente es la pintura de Cezanne y la de Picasso. Es muy evidente que el primero a pesar de lo duro de su existencia y el esfuerzo titánico que tuvo que hacer abrió un nuevo camino en la historia de la pintura moderna y Picasso tomó el testigo metiéndose de lleno en el cubismo.

El Guernica, Pablo Ruiz Picasso

El Guernica, Pablo Ruiz Picasso

En el cuadro de el bombardeo de Guernica de Picasso, una de su obras del periodo de madurez del artista podemos ver comparándolo con Cézanne una clara influencia en la composición de los elementos y el trazo.

La pintura está llena de misterio y de trabajo y todo envuelto nos hace llegar a un lugar o a otro muchas veces de las maneras más extrañas y en ocasiones sin tener plena voluntad de lo que hacemos.

El dibujo, ¿porqué no dibujamos todos?

Dibujo a lápiz del castillo de Atienza

Dibujo a lápiz del castillo de Atienza

Es evidente que hay personas que en la vida tienen más cualidades que otras para desarrollar una actividad concreta, este es el caso del dibujo y la pintura pero sobre todo el dibujo como elemento básico ya que precisa sólo de un elemento como un lapicero para poder desarrollarlo y la pregunta que se nos abre ante nosotros es ¿porqué no todos dibujamos?.

Durante la niñez se nos enseña en la educación infantil a realizar trazos, dibujos, a usar el color y desarrollar nuestro concepto del espacio, volumen etc.. pero que al final todo se enfoca a que realizamos una grafía correcta a la hora de escribir pero no poniendo la misma importancia en el dibujo.

El niño se desarrolla dibujando el entorno que le rodea, sus padres, el paisaje que ve a diario, su casa y así sucesivamente, experimenta con el color y parece como si esto fuera algo implícito en los genes que durante generaciones sintieron la necesidad de pintar el entorno que les rodeaba.

Pero es al llegar a un nivel superior en la educación, lo que se conoce por Educación Primaria cuando al niño se le aparta del dibujo relegándolo a un puesto inferior y a una materia que nunca ha tenido mucha importancia centrándose más en la escritura que obviamente es básico. Es entonces cuando los niños empiezan lentamente a perder el interés por el dibujo llegando a una edad adulta en la que sólo algunos habrán desarrollado esta disciplina por si solos ya que el interés por el dibujo siguió siendo muy importante en estas personas pero un porcentaje muy bajo.

Lapiceros

Lapiceros

Todo el mundo puede dibujar. Es fácil caer en la trampa de pensar que hay que tener una aptitud innata para ello pero esto representa un porcentaje muy bajo de la persona que finalmente dibuja o quiere dedicarse a una profesión cercana a las artes ya que la mayor parte de los conocimientos se adquieren con trabajo, constancia y el interés que se aplique.

A continuación añado un vídeo muy interesante de una charla en la que el dibujante John Howe creador de multitud de ilustraciones para el diseño de personajes de películas como el Señor de los Anillos y otros libros de fantasía nos cuenta parte de lo que vengo contando en este comentario, es en inglés pero tiene una buena pronunciación y se le entiende muy bien 🙂

Madrid y el pintor Aureliano de Beruete, los escenarios de sus cuadros

Aureliano de Beruete dedicó gran parte de su obra a plasmar los paisajes de los alrededores de Madrid. Siguiendo el curso del río Manzanares se pueden contemplar aún los paisajes que este gran artista pintó con soltura. Aureliano de Beruete al parecer pudo dedicarse a la pintura debido a su desahogada situación económica lo que hizo que se dedicara a pintar lo que realmente quería pintar sin doblegarse a las modas o a los motivos que mejor vendían en la época y con la técnica que se requería en ese momento y de este modo adoptó una técnica impresionista muy suelta con gran carga de pintura en todas sus obras y en cuanto a motivos se centró en el paisaje de Madrid y alrededores aunque también pintó los lugares que visitó en sus viajes por Europa como Francia o Suiza.

A través de las siguientes fotografías que muestro a continuación se puede comparar el paisaje actual con el que pintó en su día el artista. Me parece interesante la comparación del paisaje sobre todo porque a día de hoy muchos de estos paisajes conservan prácticamente la misma vista y en otros casos ha cambiado bastante.

 

El primer cuadro en el que realizo la comparación es el cuadro del Puente de los Franceses. En el cuadro Beruete quiere resaltar el reflejo de los arcos del puente en el río Manzanares con una luz de tarde que entra por el lado izquierdo y proyecta las sombras donde se sitúa el pintor sobre el agua. Se trata de un trabajo excepcional en el que el punto de vista se centra muy bajo sin mostrar el cielo. Junto al cuadro vemos la imagen actual del puente pintado del mismo color. Este lugar está prácticamente igual a la época en la que el artista realizó este cuadro.

 

La siguiente vista quizás sea la que más ha cambiado respecto al cuadro original pintado por el artista en su día. Se trata de la orillas del Manzanares que Beruete pintó con gran soltura y maestría, ya que el efecto lo logra con una pincelada larga y a base de bastante carga de pintura.  Cierto es que la foto elegida para compararlo es bastante diferente en iluminación que la que tiene el cuadro pero nos podemos hacer una idea de cómo era esa zona de Madrid en esa época y cómo lo es en la actualidad aunque con el soterramiento de la circunvalación que ha pasado por aquí desde hace años se ha ganado mucho. Podemos apreciar en el cuadro los tendederos y las pequeñas chabolas al margen del río.

 

La última comparación entre cuadros y fotografías es esta vista de la Sierra de Guadarrama que Beruete pintara asomándose a las inmediaciones del Monte del Pardo, una de las reservas naturales más grandes y con más riqueza de paisaje cercana a Madrid o al Plantío de los Infantes por donde hoy día discurre la Autovía de la Coruña y que el entorno ha sido altamente modificado. Pero lo que sigue igual es el perfil de la Sierra de Guadarrama que habiendo sido declarado Parque Nacional recientemente conserva sus cumbres intactas y el paisaje si comparamos la última imagen es prácticamente igual al que en su día pintó el artista.

A este pintor le gustaba de mañana cargar todo el material de pintura necesario y desplazarse en coche o en tren a los puntos donde intuía que podía realizar lo que buscaba acompañado de un ayudante pasaba la mañana para asistir por las tardes al Ateneo y por las noches al Café Suizo a tertulias del momento.

Beruete realizó numerosos cuadros de muchos tamaños y creo que se le debería rendir un sincero homenaje a un paisajista que sentó el interés por un nuevo modo de ver la naturaleza y el entorno que nos rodea realizando una exposición en algunos de los Museos Nacionales que tenemos.

El cielo y las nubes en arte

Cuadro de John Constable 1828, Tormenta a lo largo del mar.

Cuadro de John Constable 1828, Tormenta a lo largo del mar.

Hoy voy a comentar un poco lo importante que son las nubes para un artista como yo que realiza multitud de paisajes a lo largo del año tanto en oleo como en acuarela. En muchas ocasiones, en nuestro día a día no prestamos mucha atención a las nubes y si preguntamos a alguien por su color nos dirán que blancas, esto demuestra lo poco que las miramos 🙂

En muchos de mis cuadros las nubes son la base fundamental del cuadro en si y a lo largo de la historia del arte lo han sido para otros artistas como por ejemplo los artistas del periodo del Romanticismo cuando de modo casi experimental y científico los artistas tomaban este tema y creaban estudios sobre la forma, el color, y los fenómenos atmosféricos que producían pintándolos sobre el lienzo o papel en ese preciso instante.

Paisaje de los alrededores de Madrid

Paisaje de los alrededores de Madrid, Rubén de Luis 2013

Son muchos los tipos de nubes que podemos representar y la verdad es que son muy evocadoras, ofreciendo una visión del paisaje muy concreta y aportando personalidad al mismo. Sobre todo hace que el paisaje nos diga cosas y hable a través de ellas. En la segunda imagen que adjunto se puede ver un paisaje con el cielo cubierto por una densa masa de nubes que ofrece un pequeño claro en la parte superior del oleo.  Con este paisaje de nubes donde ocupan mayor parte que la zona de montaña y arboleda nos inspira viento, y aire en una escena un tanto invernal. Las nubes en la zona baja se agarran a la montaña mientras que en la parte media parece que son ligeras.

Cuadro al oleo de Alfred Sisley

Cuadro al oleo de Alfred Sisley

El artista impresionista Alfred Sisley decía que siempre empezaba un cuadro por el cielo ya que era lo que más le apasionaba y en multitud de sus cuadros podemos ver cómo el cielo es en realidad el protagonista de toda al obra con esas nubes creadas a pinceladas pequeñas y sueltas tan características de la pintura de Sisley.

En España no puedo pasar sin nombrar a Aureliano de Beruete ya que el cielo también ocupa gran parte de sus paisajes. Cielos altos los de Castilla que retrató este gran artista así como los de otros países en los que pasó temporadas como los paisajes de Francia. Paisajes con un punto de mira muy bajo y un cielo muy alto y con gran amplitud en un paisaje en mucha ocasiones desamueblado.

La importancia de las nubes en la pintura como se puede apreciar es tan vital y necesaria como en nuestra vida diaria 🙂

¿Cómo evolucionan los cuadros?

Uno de los aspectos fundamentales en el mundo del arte es din duda la evolución de los artistas y sus obras tanto en pintura como en escultura aunque hoy me centraré en la pintura puesto que también es la disciplina que realizo. En el arte como en la vida uno sabe por dónde empieza pero no se saber dónde se acabará. A menudo el artista comienza por un impulso que le hace comenzar a pintar y este impulso primero se olvida con el tiempo. El artista quiere pintar en ese momento todo lo que le parece atractivo, a todos nos ha pasado, no hay que preocuparse, poco a poco se encuentra el camino.

A menudo el artista tarda en encontrar el camino o el estilo por llamarlo de alguna manera, y a menudo también se suele desviar del camino escogido influido en su trayectoria por multitud de artistas o de movimientos artísticos hasta que un día logra encontrar lo que verdaderamente había estado buscando siempre.

Claude Monet

Claude Monet

Por ejemplo si observamos la trayectoria de Claude Monet vemos que sus cuadros esencialmente figurativos en una primera etapa se convierte en algo casi abstracto en sus últimos años de vida quizás por la lucha que llevó a cabo contra la pintura establecida en su época o quizás fue a parar allí debido a su ceguera que poco a poco le mermaba la vista debido a su problema de cataratas. Podemos apreciar en sus últimas obras el uso de los colores fuertes quizás a esa pérdida de visión.

Puente japonés, Claude Monet

  Puente japonés, Claude Monet

Si vemos la primera imagen en la que se aprecia una armonía de color, algo atractivo a la vista y lo comparamos con el segundo cuadro del puente japonés sobre estas líneas se puede apreciar un brusco cambio en todo, en composición, forma, color, prácticamente parecen realizados por artistas diferentes y esto ocurre con todos los artistas. Se trata de un proceso de madurez creativa, un proceso lento que muchos artistas no logran finalizar ya que el camino del arte es un camino lleno de obstinación y trabajo y no siempre es fácil poder llegar a conseguirlo.