Marchantes en el Impresionismo, Vollard y Durand-Ruel y alguna anécdota

Sería injusto no hablar de los marchantes en la etapa de mayor esplendor del Impresionismo. Por ello creo que es merecido dedicar la publicación de hoy a Paul Durand-Ruel y Ambriose Vollard dos de los marchantes que lanzaron a la fama a muchos de los artistas impresionistas de la época, desde Pissarro, pasando por Monet, Sisley o Degas y como curiosidad Durand-Ruel fue uno de los primeros marchantes en sacar a la venta la obra de El Greco cuando prácticamente estaba olvidado.

Paul Durand-Ruel

Paul Durand-Ruel

 

Durand-Ruel venía de familia de comerciantes de arte pero el decidió apostar por los impresionistas y comenzar a comprar cuadros para intentar introducirlos en el comercio del arte en París, es decir era un marchante de verdad, compraba e invertía en nuevos valores para introducirlos en el mercado de la época. Muchos marchantes deberían tomar buena nota de cómo se comercia con el arte ya que hoy en día no arriesgan nada sólo piden dinero a los artistas por exponer lo que desde aquí pido a todos los artistas que no caigan en esta práctica ya que hoy en día existen muchos canales alternativos para poder dar a conocer nuestra obra.

Paul Durand-Ruel pintado por Renoir

Paul Durand-Ruel pintado por Renoir

Durand-Ruel comezó con Monet y fue quién le lanzó a la fama vendiendo casi toda su obra. Monet a la muerte del marchante dirigió una carta al hijo de Durand diciéndole que “jamás olvidaré lo que su padre hizo por mí y el resto de artistas impresionistas “.

Ambroise Vollard

Ambroise Vollard

Ambroise Vollard también apostaba por artistas como Van Gogh y cuenta en su libro “Memorias de un vendedor de cuadros” cómo un día un hombre que desde hacía días se pasaba por el escaparate de su galería mirando un cuadro de Van Gogh en concreto “Campo de amapolas en Arles” y finalmente se decidió a pasar, le dijo al marchante que quería invertir pero que ahora no era el momento oportuno ya que su mujer estaba esperando una niña y se avecinaban muchos gastos de modo que decidió esperar hasta que al cabo de unos días se pasó por la galería de nuevo y le comentó que quería realizar una inversión en arte y le preguntó por el precio del Van Gogh que tenía expuesto pero al comentarle el precio que en realidad era muy bajo y asequible dijo que no disponía de tanto dinero de modo que decidió pedir consejo a un primo y al cabo de unos días apareció de nuevo el señor con una acuarela de un artista de la Academia de Bellas Artes de París llamado Edouard Detaille bajo el brazo que había comprado bajo el consejo de su primo, le dijo que le había costado 15.000 francos y que en unos diez años valdría 100.000 francos de modo que el señor se marcho ya que Vollard no creyó conveniente contradecirle.

Ambroise Vollard, pintado por Pierre Auguste Renoir

Ambroise Vollard, pintado por Pierre Auguste Renoir

Al cabo de veinticinco años apareció de nuevo el señor para vender su acuarela ya que su hija se iba a casar y quería vender la obra para recaudar el dinero que le dieran por ella. Vollard le preguntó por el Van Gogh: “¿se acuerda del cuadro del paisaje de amapolas?”  el señor dijo que si que se acordaba y que menos mal que no lo compró pero como le picaba la curiosidad le preguntó al marchante “¿porque? ¿cuánto me darían por el hoy?” a lo que Vollard le contesto “Querido amigo lo podría vender por más de 300.000 francos” y el señor dijo “¿y mi acuarela de Detaille? ¿cuánto vale ahora?” a lo que Vollard le contestó “querido amigo, su Detaille ha sido desterrado al desván por parte del director del Palacio de Luxemburgo”

Con esta anécdota que Vollard cuenta en su libro se puede ver que los caminos del arte muchas veces son curiosos y no merece menospreciar ninguna obra ya que podemos estar delante de un cuadro de mucho valor en un futuro 🙂

Un recuerdo de la niñez

La hora del baño, sol de mañana, oleo sobre lienzo

La hora del baño, sol de mañana, oleo sobre lienzo

En nuestra memoria se encuentran todo tipo de recuerdos y sensaciones de la niñez. Una de ellas es la sensación de llegar a la playa y caminar hacia el mar pisando la tierra húmeda bajo la luz cegadora de la mañana en alguna playa del Mediterráneo brillando sobre el agua que va y viene sin cesar acompañando el olor a salitre y el calor de una mañana de verano. Un montón de sensaciones que años más tarde volvemos a revivir de nuevo bajo la perspectiva de la madurez y con cierta melancolía porque no percibimos de igual manera esas sensaciones.

Los niños del cuadro que presento son mis hijos de espaldas de los que tomo numerosas ideas y apuntes cada vez que viajamos todos a la playa para una vez recopilada la información necesaria realizar el cuadro pero sobre todo lo más importantes es observar, conocer y aprender porque sólo de este conocimiento puede salir lo que buscamos.

El mar ofrece estos recuerdos que plasmo en un lienzo basados en la luz del momento que aparece por la izquierda iluminando y creando brillos cegadores sobre el agua. Momentos que nos tranquilizan al revivir ese remanso del recuerdo y que viene a nosotros cada vez que vivimos una escena similar.

Sensaciones que puede expresar un cuadro

"El viento que agita las flores", oleo sobre lienzo, 65x50 cms

“El viento que agita las flores”, oleo sobre lienzo, 65×50 cms

Recientemente he pintado el cuadro que muestro a continuación. En apariencia se trata sólo de un paisaje de flores pero como en cada cuadro se esconde tras el multitud de sensaciones que a veces se perciben y otras nos tienen que empujar un poquito para poder entrar en el maravilloso mundo que el artista ha querido compartir con nosotros.

La idea de escribir algo sobre este aspecto me vino a la cabeza cuando pintaba un cuadro de flores en un paisaje. Se trataba de representar este bonito paisaje pero aportando algo más. Un paisaje de primavera o verano antes de la tormenta en el que el cielo comienza a oscurecerse pero de un modo muy sutil sin ver nubes grises en el entorno pero con la sensación que aporta la luz tan característica de este momento generando una luz más opaca más tenue pero sin perder la luminosidad.

Otra de las sensaciones que me apetecía añadir es la del viento que agita las flores como finalmente decidí titular este cuadro. Este aspecto del cuadro quizás sea el más complicado de representar porque para ofrecer esa sensación hay que dotar de movimiento a las flores pero de un modo muy sutil ya que no se trata de un vendaval sino de una ligera brisa racheada propia del preludio de una tormenta por lo que las flores se mueven para ambas partes.

Los árboles del horizonte también tienen su importancia ya que aportan mayor movimiento al conjunto del cuadro. Por eso ese tipo de árboles no muy grandes, mas bien bajos pero con ramas finas y cortas que aportan ese ligero y sinuoso movimiento capaz de reflejar esa sensación. No obstante es tan sutil que hay que afinar mucho y aportar una especial sensibilidad a estos elementos de la pintura.

Esto es una de las cosas más bonitas de la pintura, ahora veamos un cuadro de Turner y sus tormentas o un interior de Veermer con su quietud y silencio o el mar de las playas de Sorolla y veremos la cantidad de sensaciones que estos artistas recogieron para que pudiéramos disfrutar de esos momentos como lo hicieron ellos.

Velero llegando a puerto,  J.M.W. Turner

Velero llegando a puerto, J.M.W. Turner

Recomiendo que se pulse sobre la imagen para ver el cuadro al completo y poco a poco se mire con paciencia y sin prisa para notar ese viento en nuestro rostro. 🙂